La nueva lideresa de Morena, Ariadna Montiel, no dejó espacio a dudas en su arranque:
no habrá lugar para perfiles con antecedentes de corrupción, incluso si ganan encuestas internas.
El mensaje llega en un momento sensible para el partido, donde casos recientes han puesto presión sobre su narrativa interna. Por eso, la postura no es menor: la lucha anticorrupción vuelve a colocarse como filtro político, no solo como discurso.
Y es que ese principio ha sido central desde el origen del movimiento impulsado por Andrés Manuel López Obrador, que construyó su base justamente sobre el rechazo a prácticas del viejo sistema.