Lo que empezó como burla en redes terminó convertido en bandera política. La jefa de Gobierno, Clara Brugada, defendió la idea de “ajolotizar” la Ciudad de México tras críticas y comentarios clasistas sobre la nueva imagen urbana de la capital.
Lejos de echarse para atrás, Brugada abrazó el término para hablar de identidad cultural, espacio público y obras rumbo al Mundial 2026.
El ajolote —símbolo profundamente chilango y mexicano— ahora aparece como parte de murales, mobiliario e intervenciones urbanas que buscan darle personalidad propia a la ciudad.
Para algunos es exceso visual. Para otros, una forma de recuperar símbolos populares sin copiar modelos europeos o ciudades “aspiracionales”.