La presidenta Claudia Sheinbaum llegó a Barcelona en su primer viaje a Europa… y no pasó desapercibida. Decenas de mexicanos la recibieron con música, flores y pancartas, en un ambiente que se sintió más a fiesta que a protocolo.
No es solo una visita: viene a participar en una cumbre progresista global, donde líderes internacionales discutirán democracia, desigualdad y cooperación. Pero el simbolismo pesa más.
Después de años de tensiones entre México y España, este viaje marca un acercamiento y un nuevo diálogo.