Decir que la primera mujer presidenta de México gobierna bajo las órdenes de un hombre se ha convertido en uno de los argumentos favoritos de sus detractores. Sheinbaum rechazó que López Obrador siga tomando decisiones en su gobierno y calificó esa narrativa de machista y absurda.
La idea no es nueva, pero sí resulta reveladora: en lugar de reconocer la autonomía política de Sheinbaum, se insiste en colocarla bajo la sombra de su antecesor. Una forma de desacreditar a la presidenta que termina diciendo más de sus críticos que de su gobierno.


