La escena pudo terminar en confrontación, pero Claudia Sheinbaum decidió detenerse y escuchar a una mujer que golpeó su camioneta, quien reclamaba por un conflicto vecinal que arrastra desde 2012. La presidenta intentó tomar sus datos para ayudarla y después pidió al gobernador Américo Villarreal intervenir en el caso.
Hay algo admirable en la respuesta: frente a una persona visiblemente alterada, Sheinbaum no respondió con enojo ni se alejó; escuchó, tomó nota y buscó una solución. Una muestra de que, incluso en medio de la tensión, la política también puede empezar por algo tan sencillo como escuchar.


