La estatua de Felipe Calderón está por cumplir un año derribada en Los Pinos. Aunque la Secretaría de Cultura anunció en 2025 que sería restaurada y reinstalada, la escultura continúa entre ramas y lodo, convertida, quizá sin proponérselo, en una poderosa imagen simbólica.
Más allá de las causas de su caída, la escena invita a una lectura inevitable. Para muchos, quien llegó a la Presidencia bajo la sombra del fraude electoral hoy permanece, literalmente, en el suelo. La historia suele reservar el pedestal para algunos y el olvido para otros; a veces, una imagen basta para resumir cómo cambia el juicio del tiempo.


